miércoles, 14 de mayo de 2008

El Perdón


Tu vida esta plena de logros,
Luchas y grandes esfuerzos,
Y aunque a veces no parezca
Cada día te vas acercando
Paso a paso a lo que tú quieres.

Pero ten cuidado, puedes tener
Un enemigo, capaz de destruir
Sin piedad lo que con tanto trabajo has construido.

Me refiero a tus propios resentimientos.

El resentimiento es como tomar un veneno
Para tratar de envenenar a otro.
Mientras el dolor pasa, el rencor se queda,
Lo agravas, como a una herida que no se deja sanar.

El resentimiento es un monstruo,
Que puede tener el tamaño que le des, lo puedes alimentar
Con los pensamientos de queja y de autocompasión
Entre mas lo crezcas mas partes de tu vida invadirá.

La energía que le das a ese fantasma, es la misma
Que puedes usar para construir tus sueños
O la vida más plena y feliz que te mereces.
Quien no perdona sin darse cuenta poco a poco se aísla,
Empieza a olvidar o dejar de disfrutar lo grato de su vida.

Con el rencor te haces mas difícil, lo difícil
y lo agradable se opaca con el tormento de la amargura.

Digno no es quien resiente,
Digno es quien perdona.

Que estúpida es la venganza que mantiene anclado el dolor.

La venganza sabia es dejarlo ir
Seguir adelante, es construirse en vez de destruirse.

El perdón es un regalo, para si mismo
Es regalarse la paz.
Es soltar la carga
Es decidir mirar la luz de nuevo
Y con determinación caminar hacia ella,
Hacia lo mejor de ti, de tu vida.

No perdones para que el otro cambie
Acéptalo, el otro nunca va a ser como tú quieres,
Eso no depende de ti.

No le des a nadie el poder de hacerte infeliz
Perdona porque decides hacerlo,
Retoma tu poder
Tu inmensa capacidad de construir tu propia tranquilidad.

lunes, 12 de mayo de 2008

El mejor Doctor: La Humildad

Un famoso autor fue invitado una vez por un renombrado cirujano a contemplar una difícil operación que iba a realizar. Mientras el cirujano llevaba a cabo los preparativos necesarios para la operación, parecía confiado, pero un poco nervioso. Luego, emprendiendo el camino hacia el quirófano, se detuvo un momento e inclinó la cabeza (mientras oraba en su interior). Más tarde, durante la operación, sus manos se veían sin nervios... se veían tranquilas.

Mucho tiempo después, el autor expresó su sorpresa de que un cirujano orase. Dijo: "Yo creía que un cirujano confiaba en su propia capacidad".

"Un cirujano es solamente un hombre", fue la contestación del médico. "No puede hacer milagros por sí mismo. Estoy seguro que la ciencia no podía haber avanzado tanto, si no fuera por algo más fuerte que el solo hombre".

Y después terminó el cirujano diciendo: "Me siento tan cerca de Dios cuando estoy operando, que no sé dónde cesa mi habilidad y comienza la suya".